Días de fuego

by ochizuro

Sonríes, nos sonreímos, sin dejarnos de mirar y entonces nuestras penas se desvanecen, nuestra razón desaparece, nuestros corazones se calientan, nos acercamos y no dejamos de sonreír, nos sonreímos mutuamente como unos locos, nos miramos y todo a nuestro alrededor se vuelve más tenue, el ruido cambia a un silencio temporal en el que sólo escucho tu corazón y sólo veo tu cara, te paso los dedos por los labios y después entre tu pelo, cruzo caminos a través de él, caminos que ya habían sido trazados, como si mis dedos tuvieran su propia memoria. Nuestros ojos se miran y se acercan, nuestras miradas se encajan una a la otra como si estuvieran conectadas por una cuerda que se vuelve más chica. Las bocas se encuentra e inician a luchar entre ellas, con pequeños roces entre sus labios, como si siguieran una coreografía planeada y se juntan, se muerden suavemente dejando pequeños instantes entre los cuales  pequeños suspiros van y vienen intercambiando el calor que llevamos dentro. Mis manos se deslizan en tu cuerpo al igual que las tuyas en el mío en armonía  y tu pelo cae sobre mi cara como una suave ventisca de primavera en la que siento su olor dulce. Nuestro calor se vuelve uno, se enciende y siento como tu piel arde cuando roza la mía.

Dejamos los imperfectos y las penas arder entre las flamas que nacen cuando nos besamos, como si estuvieran llenas de fuegos artificiales que no dejan de volar en todas direcciones. El “tú”y  el “yo” se vuelve un nosotros y aquello que somos queda en pausa para dejar paso a aquella llamarada en la que nuestros almas se convierten.


 

Te veo, me ves y las llamas siguen, pero nosotros no las seguimos, las dejamos estar en el fondo de nuestros ojos sin dejarlas explotar, ya que nuestro fuego al prenderse quema todo y no deja espacio a quienes somos, tan sólo a aquello en lo que nos convertimos y una vez extintas nos dejan con las cenizas de lo que momentáneamente podemos ser, mas no aquello que permanentemente somos.

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